"Andando, andando. Que quiero oír
cada grano de la arena que voy pisando.
Andando. Dejad atrás los caballos,
que yo quiero llegar tardando (andando, andando)
dar mi alma a cada grano de la tierra que voy rozando.
Andando, andando. ¡Qué dulce entrada en mi campo,
noche inmensa que vas bajando!
Andando. Mi corazón ya es remanso;
ya soy lo que me está esperando (andando, andando)
y mi pie parece, cálido,
que me va el corazón besando.
Andando, andando. ¡Que quiero ver
el fiel llanto del camino que voy dejando!"
Esta bonita poesía de Juan Ramón Jimenez, habla de algo que hemos perdido hoy día: el tempo.
Porque lo bonito del viaje es el camino, el trascurso... que viajar es un verbo de movimiento, al igual que vivir. Vivir es un viaje cuyo destino es la muerte (recordad... nuestras vidas son los rios, que van a dar a la mar, que es el morir...); vivir es disfrutar de ese viaje. Disfrutad cada día del viaje de nuestra vida. Pero vivir con tempo, no más deprisa, ni tan despacio... vivir en movimiento, pero no tan deprisa que no pueda mirar por la ventanilla de la vida y ver el paisaje que me rodea.
Yo, al igual que el poeta, ya soy lo que me está esperando (¡¡Que bonito!!). Me siento completo, aunque hay tanto por hacer y por disfrutar... pero no, no tengo prisa, andando andando, a vuestro lado amigos, voy disfrutando.
Gracias a todos,
Floren
Postdata: Ayer comí un estupendo arroz (paella?) en casa de Pilar y Manolo. Gracias, la próxima en mi casa.